Las protestas cumplen 31 días consecutivos y mantienen aisladas importantes regiones del país. La escasez de alimentos, combustibles e insumos médicos golpea a las principales ciudades, mientras continúan las demandas contra el gobierno de Rodrigo Paz.

La crisis social y política en Bolivia se profundizó en las últimas horas con el aumento de los cortes de rutas en distintos puntos del país. De acuerdo con datos oficiales, ya son 89 los bloqueos activos distribuidos en seis departamentos, una situación que complica la circulación de personas y mercancías y afecta el abastecimiento en amplias zonas del territorio nacional.

Las protestas surgieron inicialmente por reclamos relacionados con la provisión de combustibles y cuestionamientos a la Ley 1720, aunque con el paso de las semanas incorporaron demandas de carácter político. Entre ellas sobresalen los pedidos de renuncia del presidente Rodrigo Paz, impulsados por organizaciones sindicales, campesinas y sectores sociales que participan de las movilizaciones.

La Paz continúa siendo el principal foco del conflicto y una de las regiones más afectadas por el aislamiento. A los bloqueos se suman problemas en el transporte urbano y una creciente escasez de combustibles, mientras comerciantes y organizaciones gremiales advierten sobre dificultades cada vez mayores para garantizar el suministro de alimentos y productos básicos en los mercados.

En paralelo, los intentos de mediación promovidos por la Iglesia Católica, la Defensoría del Pueblo y otros actores institucionales permanecen sin avances concretos. El Gobierno sostiene que agotó las instancias de diálogo y responsabiliza a los sectores movilizados por la falta de acuerdos, en un escenario marcado por el deterioro económico y una creciente tensión política y social.

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