En muchas quintas familiares, la ecuación económica se volvió cada vez más difícil: producir cuesta más, pero vender resulta cada vez más complicado.
Semillas, fertilizantes, alquileres, combustibles y servicios siguen aumentando, mientras los consumidores compran menos o buscan precios más bajos.
La situación afecta especialmente a miles de familias bolivianas que trabajan en la producción hortícola y que sostienen buena parte de la actividad en distintas zonas del país.
Con costos en alza y ventas en baja, muchas quintas quedan al límite, y algunos productores incluso evalúan dejar la actividad o regresar a su país en busca de nuevas oportunidades.




