Desde diciembre de 2023, los alquileres aumentaron 423%, frente a una inflación acumulada cercana al 209%. El gas se encareció 766%, la electricidad 370%, el agua 366% y el transporte 255%, mientras los salarios alcanzan cada vez menos para cubrir los gastos básicos. 

Llegar a fin de mes se vuelve cada vez más difícil en Argentina. Aunque la inflación general acumuló cerca de 209% desde diciembre de 2023, varios de los gastos esenciales de las familias aumentaron muy por encima de ese nivel.

El impacto más fuerte se observa en la vivienda. De acuerdo con un informe del Centro RA de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, los alquileres subieron 423% durante los primeros 26 meses del gobierno de Javier Milei, más del doble que el aumento general de los precios.

El encarecimiento no se limita al pago mensual de una vivienda. El gas natural acumuló una suba de 766%, la electricidad aumentó 370% y el agua se incrementó 366%. En conjunto, los gastos relacionados con vivienda y servicios básicos crecieron casi 400%.

Se trata de consumos que las familias difícilmente pueden eliminar o reducir. Pagar el alquiler, mantener la luz, contar con gas o acceder al agua son necesidades básicas que absorben una parte cada vez mayor de los ingresos.

El transporte también presionó con fuerza sobre el bolsillo de los trabajadores, con una suba acumulada de 255%. Las comunicaciones aumentaron 321% y la educación se encareció 279%, todos porcentajes superiores al nivel general de inflación.

Los alimentos y las bebidas no alcohólicas registraron un incremento promedio de 182%. Sin embargo, varios productos cotidianos superaron ampliamente esa cifra.

El café molido aumentó 308,2%, la lechuga 292,9%, la manzana 247,9%, el filet de merluza 234% y el queso sardo 233,6%. En el caso de la carne vacuna, la paleta subió 230,7%, el cuadril 228% y la nalga 225,7%.

Los datos muestran que la inflación promedio no alcanza para reflejar lo que ocurre en los hogares. Mientras algunos precios aumentaron por debajo del índice general, los gastos más difíciles de evitar —como el alquiler, los servicios y el transporte— crecieron mucho más rápido.

El resultado es una presión doble sobre las familias argentinas: los salarios pierden poder adquisitivo frente a la inflación y, al mismo tiempo, los principales gastos fijos se encarecen por encima del promedio.

Así, vivir en Argentina demanda cada vez más ingresos para sostener las mismas necesidades. El alquiler, los servicios, el transporte y los alimentos consumen una porción creciente de los salarios, en un escenario donde llegar a fin de mes se convierte en una dificultad cotidiana.

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