El expresidente de Bolivia permanece atrincherado en su bastión político del Chapare mientras enfrenta una orden de detención. El Gobierno asegura que evita un operativo por el riesgo de enfrentamientos y posibles víctimas fatales, en medio de una creciente tensión política y social.
Desde hace varios meses, Evo Morales permanece en la región cocalera del Chapare, donde cuenta con el respaldo de organizaciones sindicales y seguidores que mantienen un fuerte control territorial. Sobre el exmandatario pesa una orden de captura vinculada a una causa judicial por presunta trata de personas, acusaciones que él rechaza y atribuye a una persecución política.
El Gobierno boliviano sostiene que una intervención para detener al exmandatario podría derivar en hechos de violencia. Funcionarios señalaron que el principal objetivo es evitar una escalada del conflicto que ponga en riesgo la vida de civiles y fuerzas de seguridad, por lo que descartan una acción inmediata mientras analizan alternativas.
La permanencia de Morales en el Chapare refleja la profunda fractura dentro del oficialismo boliviano. La disputa entre el expresidente y el gobierno de Luis Arce ha derivado en una confrontación política que también involucra a la Justicia, las organizaciones sociales y los sectores sindicales que respaldan a cada uno de los líderes.
En este escenario, el conflicto continúa sin una solución cercana. Mientras las autoridades insisten en que harán cumplir las decisiones judiciales cuando existan condiciones de seguridad, Morales mantiene su postura de resistencia y denuncia que cualquier intento de captura responde a motivaciones políticas.





