Bolivia atraviesa una etapa de transformación económica luego de la implementación de un nuevo régimen cambiario. La modificación puso fin a más de quince años de cotización fija del dólar y permitió que el valor de la moneda estadounidense se determine con una mayor participación del sistema financiero.

Durante las primeras semanas del nuevo esquema, el boliviano registró una depreciación frente al dólar. El Gobierno sostiene que la medida permitirá transparentar las operaciones, reducir el mercado informal de divisas y mejorar la disponibilidad de dólares para empresas, importadores y ciudadanos.

El cambio se produce en un contexto marcado por la reducción de las reservas internacionales, las dificultades para importar combustibles y una desaceleración de la actividad económica. Las autoridades estiman que el producto interno bruto podría caer entre un 0,7% y un 1% durante 2026, principalmente como consecuencia de los bloqueos y conflictos registrados entre mayo y junio.

El Ejecutivo también alcanzó un acuerdo de financiamiento con el Fondo Monetario Internacional y anunció una nueva etapa de su plan económico. La estrategia contempla reducir gastos estatales, mejorar los ingresos públicos, incentivar la inversión privada y recuperar la capacidad productiva del país.

El principal desafío será estabilizar la economía sin profundizar el deterioro de los ingresos familiares. La evolución de los precios, el abastecimiento de combustibles y la disponibilidad de dólares serán algunos de los indicadores centrales para evaluar los resultados del nuevo modelo.

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