El expresidente boliviano Evo Morales aseguró que la crisis que atraviesa Bolivia es una “rebelión del pueblo contra el modelo neoliberal” y rechazó las acusaciones del gobierno de Rodrigo Paz que lo señalan como impulsor de las protestas.

Morales sostuvo que el malestar social responde al aumento del desempleo, la pérdida del poder adquisitivo y las medidas económicas adoptadas por el actual gobierno. Según afirmó, las movilizaciones surgieron de manera espontánea y luego se transformaron en una reacción más amplia contra el modelo económico y político implementado por Paz.

El exmandatario también defendió su gestión al frente de Bolivia y destacó el crecimiento económico registrado durante sus casi 14 años en el poder. Reivindicó la nacionalización de los hidrocarburos, aseguró que su administración fortaleció las reservas internacionales y cuestionó duramente a Luis Arce, a quien acusó de haber abandonado el proyecto político del MAS y de aplicar políticas neoliberales.

En materia energética, Morales negó que la caída de la producción de gas haya sido consecuencia de falta de inversiones durante su gobierno. Por el contrario, afirmó que su plan apuntaba a transformar a Bolivia en un centro regional de exportación de energía y litio mediante grandes proyectos hidroeléctricos y de industrialización que, según dijo, fueron paralizados tras su salida del poder.

Finalmente, Morales vinculó la crisis boliviana con la disputa geopolítica global y criticó con dureza a Donald Trump y a Estados Unidos. Aseguró que Washington busca recuperar control sobre América Latina para garantizar acceso a recursos naturales estratégicos y advirtió que el pueblo boliviano continuará defendiendo el litio, las tierras raras y los recursos energéticos frente a cualquier intento de privatización o intervención extranjera.

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