En 2020 muchas encuestas lo daban en caída libre, pero Luis Arce ganó con más del 50%. Hoy vuelven a dar por destruido al MAS, aunque sus estructuras territoriales siguen activas y el voto oculto podría volver a definir la elección.
En las elecciones presidenciales de 2020, múltiples encuestas pronosticaban una caída estrepitosa del Movimiento al Socialismo (MAS), sin embargo, Luis Arce logró imponerse con más del 50% de los votos, demostrando la fuerza y vigencia del partido en el escenario político nacional. Este resultado sorprendió a muchos analistas que no consideraron el peso real de las estructuras territoriales y el respaldo oculto que mantiene el MAS.
Hoy, a poco tiempo de una nueva contienda electoral, vuelve a surgir el discurso que da por muerto al MAS, pero la realidad muestra que sus bases siguen activas y movilizadas. Las redes territoriales del partido continúan operando con intensidad, lo que les permite mantener un apoyo latente que muchas veces no se refleja en las encuestas públicas, conocido como el “voto oculto”.
Este voto oculto representa un factor imprevisible que podría volver a jugar un papel decisivo en las elecciones. La experiencia pasada demuestra que subestimar esta fuerza puede llevar a sorpresas electorales y que, a pesar de los pronósticos, el MAS sigue siendo un contendiente fuerte y con posibilidades reales de imponerse nuevamente en las urnas.





